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Secuenciación genómica: tras las huellas de las pandemias del pasado

Pulmones conservados desde la Primera Guerra Mundial arrojan nuevas pistas sobre la pandemia por virus Influenza de 1918

Los pulmones de soldados alemanes muertos en 1918 en Berlín a causa de la pandemia por el virus de la Influenza, conocida como gripe española, y que forman parte de la colección del Museo de Historia Médica de Berlín (Berliner Medizinhistorisches Museum der Charité), están siendo secuenciados en busca de rastros del virus que permitan caracterizarlo. Los autores describen los hallazgos en una preimpresión publicada en bioRxiv.

Ya existe una base de datos de más de 1 millón de genomas de SARS-CoV-2. Pero existen pocas secuencias del virus de la influenza H1N1 que causó la pandemia de 1918-19 que provocó 50 millones o más de víctimas estimadas. Las secuencias de RNA del virus de la Influenza recuperado de estos pulmones conservados desde 1918 proporcionan nuevos conocimientos sobre la aquella pandemia.

La pandemia de 1918 fue una enfermedad zoonótica que se cree que saltó a las personas desde las aves. Especialmente letales fueron la segunda y tercera ola de casos. Es probable que las variantes del virus hayan desempeñado un rol en la gravedad de los daños causados ​​por cada ola.

El equipo pudo obtener un total de 13 muestras de tejido pulmonar de personas que murieron entre 1900 y 1931; solo tres muestras, correspondientes a los dos soldados y una mujer, contenían RNA de Influenza. Si bien el RNA estaba muy fragmentado, el equipo pudo reconstruir todo el genoma del virus recuperado de la mujer, y cerca del 90% y 60%, respectivamente, del virus aislado de los soldados. Las secuencias son todas de la primera ola de la pandemia, y cuando se comparan con las cepas descritas más adelante en la pandemia, surgen algunas evidencias de cómo el virus puede haberse vuelto más letal.

Se ha especulado que el virus se originó en aves y se adaptó mejor a humanos entre la primera y la segunda ola. Los dos genomas parciales de los soldados contienen secuencias que son más parecidas a las de un virus aviar, una señal de que las primeras versiones del virus pueden haber tenido más dificultades para infectar a las personas. Los genomas parciales de los dos soldados pertenecen a la primera ola más leve de la pandemia, a la que siguió una más grave que azotó el mundo en el otoño de 1918.

También se encontró una pista evolutiva en el gen de la nucleoproteína del virus, una proteína estructural que ayuda a determinar qué especies puede infectar el virus. Las cepas de la gripe de 1918 informadas anteriormente, ambas de finales de la pandemia, portan dos mutaciones en este gen que ayudan a que la gripe evite las defensas antivirales innatas del cuerpo humano.

El trabajo también muestra que los archivos de patología son clave para proporcionar más información sobre la pandemia de 1918, y las que siguieron, para tratar de prevenir las futuras.