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Molnupiravir, la píldora antiviral con resultados prometedores contra COVID-19

La droga redujo casi en un 50% la tasa de hospitalización de los pacientes con COVID-19

El molnupiravir (N4-hidroxicitidina) es el primer tratamiento oral que se ha mostrado prometedor en el tratamiento de COVID-19. Este medicamento redujo las hospitalizaciones en un 50%; también pareció tener un impacto en la supervivencia de los pacientes. Los resultados surgen de una investigación de Merck, conocida como MSD fuera de los EE. UU. y Canadá, y Ridgeback Biotherapeutics.

La N4-hidroxicitidina, o EIDD-1931 es un análogo de ribonucleósido que ejerce su acción antiviral mediante la introducción de errores de copia durante la replicación del RNA viral. La droga se describió por primera vez en 1980 como un potente mutágeno de bacterias y fagos. Ha mostrado actividad antiviral contra el virus de la encefalitis equina venezolana y el coronavirus humano HCoV-NL63 in vitro. Se ha demostrado que la N4-hidroxicitodina inhibe el SARS-CoV-2, así como otros coronavirus humanos y de murciélago en ratones y células epiteliales de las vías respiratorias humanas.

El molnupiravir administrado por vía oral durante cinco días, se distribuye en los tejidos antes de convertirse en la forma activa de 5′-trifosfato, que se incorpora al genoma de los virus que se forman, lo que resulta en la acumulación de mutaciones que inactivan la replicación viral. Y debido a que las mutaciones se acumulan al azar, es difícil que los virus desarrollen resistencia al molnupiravir, otra ventaja del compuesto. Por el contrario, el remdesivir, fabricado por Gilead Sciences, es un terminador de cadena que impide que la enzima que construye estas cadenas de RNA agregue más enlaces. Aunque también mostró resultados positivos cuando se usó durante tres días después de la aparición de los síntomas, tiene laa desventaja frente al molnupiravir de que debe administrarse por vía endovenosa.

Los hallazgos de Merck provienen de un ensayo clínico de fase 3 aleatorizado de 775 pacientes adultos con COVID-19. Los participantes tenían una enfermedad leve a moderada y se consideró que estaban en riesgo, pero no fueron hospitalizados cuando comenzó el ensayo. Solamente el 7,3% de los que recibieron el molnupiravir fueron hospitalizados o murieron 29 días después del tratamiento, comparado con el 14,1% de los que tomaron un placebo. Además, no hubo muertes en el grupo de la píldora de Merck y sí hubo ocho personas que fallecieron con el placebo. El ensayo se realizó en su totalidad en pacientes que no habían sido vacunados. Eso hizo que fuera mucho más fácil demostrar que el medicamento puede reducir la hospitalización y la muerte, porque los pacientes que no han sido vacunados previamente tienen más probabilidades de ser hospitalizados o morir.

El nuevo medicamento sería eficaz contra todas las variantes, incluyendo la Delta. El uso exitoso del fármaco requerirá que los pacientes se hagan la prueba al principio de la evolución de su enfermedad, lo cual es un gran desafío no solo en países con menores recursos, sino también en los desarrollados. Con respecto a la vacunación, los beneficios son aditivos. Alguien que contrajo una infección aguda y reciba molnupiravir tiene un riesgo mucho menor de hospitalización que alguien que solo reciba la píldora.

Merck y Ridgeback tendrían datos del estudio del fármaco tanto en líneas celulares como en modelos animales. En ninguno de los modelos habrían obtenido evidencia de algún tipo de potencial mutagénico del agente.