Los tests rápidos pueden ser la clave para combatir la pandemia

Los desafíos de ampliar las pruebas rápidas para frenar el COVID-19

Las pruebas rápidas y generalizadas para personas presintomáticas o asintomáticas podrían poner fin a la propagación exponencial del SARS-CoV-2 (COVID-19).

Distintos estudios estiman que entre el 20 y el 40% de las personas con infección por SARS-CoV-2 no presentan síntomas, pero aún pueden transmitir el virus a otras personas.

La prueba gold standard de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) que se usa para diagnosticar COVID-19 requiere un procesamiento de laboratorio que a veces toma días, no minutos, para obtener resultados, debido a retrasos entre la toma de muestra y el procesamiento, la escasez de suministros, o la elaboración y carga de informes..

Aunque unas pocas pruebas rápidas para detectar el virus SARS-CoV-2 se están utilizando en los EE. UU., o han sido aprobadas por la OMS o por los gobiernos de otros países, hasta el momento solo dos son de lectura visual directa. Son la prueba STANDARD Q COVID-19 Ag y Panbio/ BinaxNOW Rapid COVID-19 Antigen Test, producidas por SD Biosensor de South Korea y Abbott, respectivamente.

La pruebas rápidas de antígenos SARS-CoV-2 analizan proteínas producidas por el virus SARS-CoV-2, que causa COVID-19. Se toma la muestra de un hisopado nasal y se aplica con líquido a una tira de papel, donde se puede leer el resultado por el desarrollo de color.

Según la OMS, las pruebas desarrolladas por SD Biosensor y Abbott son altamente portátiles, confiables y fáciles de administrar, lo que hace que las pruebas sean posibles en entornos de atención médica descentralizados y cercanos a la persona. El 20 de setiembre, la OMS anunciaba que mediante el Access to COVID-19 Tools (ACT) Accelerator, pondría 120 millones de pruebas rápidas COVID-19 de calidad y asequibles a disposición de países de ingresos bajos y medianos. Las organizaciones involucradas en el acuerdo incluyen el Africa Centres for Disease Control and Prevention (Africa CDC), la Bill & Melinda Gates Foundation, la Clinton Health Access Initiative (CHAI), la Foundation for Innovative New Diagnostics (FIND), el Global Fund, Unitaid, y la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization (WHO)).

Esta colaboración mundial sin precedentes ha permitido el desarrollo y despliegue de la primera prueba rápida de antígeno de SARS-CoV-2 (Ag Rapid Detecting Test) aprobada mediante EUL (Emergency Using List) de la OMS dentro de los ocho meses posteriores a la primera identificación del virus. En comparación, se necesitaron casi cinco años para desarrollar la primera RDT para el HIV. Actualmente, la OMS está revisando varias RDT de antígenos para COVID-19. En general, el pilar de diagnóstico ACT-Accelerator tiene como objetivo facilitar el suministro de 500 millones de pruebas a los países de ingresos bajos y medianos en un plazo de 12 meses.

Los defensores de las pruebas basadas en antígenos argumentan que son al menos tan buenas como la PCR en la fase inicial de la infección, cuando la carga viral y la infectividad son más altas. Lo más probable es que los falsos negativos sean los que se encuentran al final de la infección, con cargas virales bajas, por lo que no podrían transmitirla de todos modos.

Sin embargo, algunos científicos afirman que las pruebas de antígeno son muy específicas para el virus, pero no son tan sensibles como las pruebas de PCR molecular. Esto significa que los resultados positivos son muy confiables, pero existe una mayor probabilidad de falsos negativos. Las personas sintomáticas con una prueba de antígeno negativa pueden necesitar que sus resultados se confirmen con una prueba de PCR, según la FDA. Una evaluación independiente de la prueba SD Biosensor realizada por la Foundation for Innovative New Diagnostics (FIND) encontró que tenía una especificidad del 99,3% y una sensibilidad del 76,6% en el estudio realizado en Alemania; mientras que en el estudio realizado en Brasil, la especificidad y sensibilidad fueron del 97,6% y 88.7%, respectivamente.

Las pruebas rápidas para detectar la presencia del virus, son más rápidas y económicas, son fundamentales en la respuesta al COVID-19, porque permiten a los países rastrear y contener el virus ahora, y prepararse para el lanzamiento de vacunas una vez que estén disponibles.

Las RDT tienen aún el inconveniente de requerir intervención profesional para la toma de muestra. Por otra parte, si bien son mucho más económicas que una PCR, deberían reducir aún más los costos para que resultaran accesibles para el testeo de grandes poblaciones. Muchas compañías y startups alrededor del mundo están abordando el desafío.

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