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La calidad del aire como factor de riesgo en COVID-19

La contaminación del aire puede aumentar la susceptibilidad al SARS-CoV-2.

A raíz de la pandemia de COVID-19, es crucial mantener las normas de distanciamiento social y mantenerse en el interior de los hogares para minimizar la probabilidad de contraer el virus.

Estas prácticas pueden garantizar el cumplimiento de los procedimientos operativos estándar de COVID-19, pero al mismo tiempo pueden afectar negativamente la calidad del aire interior. Debido a la aplicación del bloqueo, las personas ahora pasan más tiempo en interiores, lo que hace que los niveles de contaminantes sean tan altos como 100 veces los niveles encontrados en el exterior.

Por otra parte, los espacios interiores no ventilados donde permanecen muchas personas son una fuente de propagación del SARS-CoV-2.

La calidad del aire influye en la transmisión del SARS-CoV-2 por personas infectadas a través de aerosoles, pero también en la vulnerabilidad de las personas debido a la presencia de otros contaminantes que afectan su sistema respiratorio.

Los pacientes de COVID-19 tienen más probabilidades de verse afectados si inhalan el aire que contiene una alta concentración de contaminantes como NO2 (dióxido de nitrógeno), CO2 (dióxido de carbono) y PM 2,5.

El valor PM 2,5 se refiere a Particulate Matter (material particulado), partículas diminutas que tienen dos micrones y medio o menos de ancho. Los niveles altos de PM 2,5 en el aire pueden tener graves consecuencias para la salud. Las PM 2,5 eluden muchas de las barreras del cuerpo como el pelo de la nariz, la mucosidad de las vías respiratorias y otras defensas, e ingresan a los pulmones, donde pueden llegar a los alvéolos y eventualmente ingresar al torrente sanguíneo.

Los riesgos de enfermedad atribuibles a la calidad del aire conciernen también al aire de las ciudades, donde la Organización Mundial de la Salud ha hecho un llamado a los gobiernos para tratar de disminuir la polución ambiental.

Recientemente, se han realizado varios estudios de investigación para explorar el impacto de la contaminación del aire en el aumento de la susceptibilidad al COVID-19, que puede aumentar la tasa de mortalidad.

Un estudio describió el hecho de que si la concentración de PM 2,5 en un país es de 15 µg / m3, su tasa de muerte causada por COVID-19 será 4.5 veces mayor en comparación con el país donde la concentración de PM 2,5 es de 5 µg / m3. Por lo tanto, se ha vuelto crucial controlar la contaminación del aire para minimizar el efecto del COVID-19 en la vida humana.

Si se tiene en cuenta que la exposición a la contaminación del aire aumentará el riesgo de enfermedades del sistema respiratorio, y el COVID-19 es principalmente una enfermedad del sistema respiratorio, se puede deducir que la vulnerabilidad al SARS-COV-2 de las personas que están expuestas a la contaminación del aire es mayor.

Por otra parte, para minimizar las posibilidades de contraer COVID-19 es importante comprender y controlar la calidad del aire de los entornos cerrados que están controlados de forma centralizada por calefacción, sistemas de ventilación y aire acondicionado (Heating, ventilation, and air conditioning-HVAC).

Es muy difícil establecer el riesgo en base a una apreciación subjetiva de lugar ventilado y decir cuándo se está ante una situación de bajo, medio o alto riesgo.

Monitorear el nivel de dióxido de carbono es una forma de medir la calidad del aire y la posibilidad de transmisión de SARS-CoV-2, pero no siempre es una solución asequible. El CO2 es producido cuando respiramos, tosemos, hablamos o reímos, y puede indicar si estamos ante niveles peligrosos, donde no hay suficiente intercambio de aire con el exterior y existe mayor posibilidad de transmisión del virus y de presencia de partículas nocivas para la salud.

En un brote de tuberculosis ocurrido en 2014 en la Universidad de Taipei, las aulas de la escuela tenían niveles de CO2 superiores a 3.000 ppm. Cuando los ingenieros mejoraron los niveles de ventilación a menos de 600 ppm, el brote se detuvo y el aumento de la ventilación representó el 97% de la caída en la transmisión.

El nivel de CO2 en el espacio exterior es de alrededor de 400 ppm. Una habitación bien ventilada estaría en 600 ppm. Por encima de 800 ppm comienza a ser riesgoso por la posibilidad de transmisión del coronavirus.

La Federal Environment Agency of Germany y la American Society of Heating, Refrigeration, and Air Conditioning Engineers (ASHRAE) publicaron recomendaciones mucho antes del brote de coronavirus: en las aulas y oficinas, la concentración de CO2 no debe exceder las 1.000 ppm.