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El potencial futuro de las vacunas de mRNA

Una tecnología que nunca antes se usó está demostrando ser altamente eficaz para COVID-19.

El desarrollo exitoso de vacunas de mRNA para COVID-19 marca una nueva etapa en el desarrollo de vacunas para otras enfermedades infecciosas, así como para el cáncer.

Una de las ventajas clave de las vacunas de mRNA es que se pueden fabricar en ciclos de producción cortos. La segunda es que los datos muestran claramente que también es un enfoque muy eficaz para inducir no solo respuestas inmunitarias de anticuerpos y células de memoria, sino también para prevenir la enfermedad sintomática.

Los nuevos datos que surgen también muestran que es eficaz para prevenir la infección, lo cual es importante para controlar la pandemia. La eficacia de alrededor del 95% es superior a la de las vacunas de influenza, una enfermedad respiratoria que afecta año a año a millones de personas, que típicamente se ubica entre el 50% y el 70%.

En principio, para diseñar vacunas para muchas otras enfermedades infecciosas, se tendría que insertar la información genética de un antígeno de algún otro virus o patógeno en la misma estructura del vector de mRNA, en lugar de la secuencia de la proteína S o spike de SARS-CoV-2.

Katalin Karikó, bioquímica húngara, que emigró a EE.UU. en 1985, ha sido una verdadera precursora de las vacunas a mRNA. Eliminó el obstáculo que había impedido que el mRNA se convirtiera en una tecnología útil. El organismo rechazaba el mRNA sintético. En 2005 consiguen, junto a Drew Weissman, modificar el mRNA para que no fuera rechazado violentamente por el organismo. El RNA modificado, con un cambio de la uridina por la pseudouridina, no generaba una respuesta inmunitaria exagerada y facilitaba la producción de proteínas en grandes cantidades.

Drew Weissman era un científico que venía del equipo de Anthony Fauci, que en la actualidad dirige el U.S. National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID) que ha desarrollado la otra vacuna mRNA contra COVID-19 junto a la empresa Moderna. Weissman trabajaba en la vacuna contra el virus del sida y acogió a Karikó en su laboratorio de la University of Pennsylvania para que lo intentase con mRNA.

Özlem Türeci y Uğur Şahin, un matrimonio de científicos inmigrantes turcos en Alemania, fueron los cofundadores de la alemana BioNTech. Iniciaron en 2018 una cooperación con Pfizer para desarrollar una vacuna contra la influenza. Cuando estaban en la etapa de realizar el trabajo preclínico apareció la pandemia de COVID-19. Kariko ha sido vicepresidenta senior de BioNTech desde 2013.

Los científicos llevaban más de 20 años trabajando en mRNA, orientados a la terapia individualizada contra el cáncer, basada en la observación de que los antígenos tumorales, los antígenos de las células cancerosas, que son reconocidos por las células T del sistema inmunológico, son únicos en cada paciente con cáncer.

Una terapia futura podría utilizar el análisis de las células del tumor del paciente y determinar qué antígenos serían adecuados para la producción de una vacuna basada en esta información. La tecnología mRNA permite inducir una respuesta inmune contra cualquier tipo de antígeno tumoral de una manera potente y puede fabricarse en unas pocas semanas, en una enfermedad donde el tiempo es muy importante.

El principio fundamental es el mismo: se trata de diseñar y administrar un antígeno a las células dendríticas para inducir una respuesta inmunitaria.

Las vacunas de mRNA, hasta ahora, no pueden suministrar antígenos de carbohidratos bacterianos. Todas las vacunas neumocócicas, que protegen contra las bacterias que causan neumonitis o meningitis, donde se necesitan estos carbohidratos, no pueden ser formuladas por mRNA.


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