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Claves para frenar la transmisión del SARS-CoV-2: personas y eventos super propagadores

Existen factores biológicos y conductuales que hacen que algunas personas puedan transmitir más el virus.

La pandemia por SARS-CoV-2 entra en su segundo año. Los esfuerzos por obtener vacunas e inmunizar a la población son un objetivo a mediano y largo plazo. Mientras tanto, cada vez es más sólida la evidencia acerca de cuál es la forma de propagación del virus y dónde están los «hotspots» que deben controlarse para frenar su transmisión. El reconocimiento del rol de los aerosoles como forma de transmisión de SARS-CoV-2 cambió la forma de manejar la pandemia a los pocos meses de su inicio.

El surgimiento de variantes del virus de rápida propagación, incrementa aún más la necesidad de conocer el rol de individuos y eventos superpropagadores del SARS-CoV-2. Cuantas más posibilidades tiene el virus de replicarse en las células de los individuos, mayor es la probabilidad de que surjan variantes con propiedades distintas, ya sea que puedan evadir la protección de las vacunas ya desarrolladas o aumentar su capacidad de propagación, por citar algunos de los efectos de las variaciones genómicas surgidas al infectar mayor número de personas.

La presencia de individuos super propagadores ha sido demostrada en brotes ocurridos por otros virus. El brote de MERS-CoV en Corea del Sur se asoció con solo tres personas infectadas que se relacionaron con el 75% de los casos. Del mismo modo, en el brote de ébola de 2014-2016 en África occidental, el 3% de las personas infectadas causaron el 61% de las infecciones.

En el caso del SARS-CoV-2, distintos estudios han demostrado la existencia de personas que son capaces de infectar a muchas otras. A principios de marzo 2020, un miembro de un coro infectó a 53 personas de un coro de 61. En un estudio donde se investigaron 85.000 personas y medio millón de contactos en India, se encontró que solo el 8% de las personas eran responsables del 60% de las infecciones.

Existen factores biológicos y conductuales que hacen que algunas personas puedan transmitir más el virus. Por ejemplo, los que hablan más alto o expulsan más aire cuando exhalan, lo que provoca que emitan más aerosoles. Los niños y las mujeres tienden a emitir menos que los hombres debido a su menor capacidad pulmonar. Un estudio reciente asoció la mayor capacidad de propagar el virus con la edad y el índice de masa corporal en individuos con COVID-19. La variación individual en las respuestas inmunitarias también podría afectar la cantidad de virus que produce una persona.

Todavía no se conocen todas las causas que hacen a un individuo un super propagador, más allá de los individuos sintomáticos en una ventana de tiempo, ni se pueden detectar individuos super propagadores en la comunidad. Una combinación compleja de factores probablemente juega un papel en el número de infecciones posteriores que se inician a partir de un único super propagador.

Debemos considerar entonces, no solo los individuos super propagadores, sino también el entorno y el comportamiento de las personas que conducen a los eventos de super propagación, una de las principales formas en que el SARS-CoV-2 ha avanzado en comunidades de todo el mundo, infectando hasta ahora a más de 112 millones de personas y matando a casi 2,5 millones.

Es en ese aspecto donde empiezan a tener suma importancia las conductas sociales. Sabemos con certeza que los espacios donde las personas se congregan son importantes cuando se trata de riesgo de infección. Se han producido numerosos eventos de super propagación en espacios interiores abarrotados con poca ventilación. Lamentablemente, toda reunión de personas en espacios poco ventilados puede dar origen a un brote.

Se cree que el comportamiento de una persona, ya sea que no mantenga una distancia segura de los demás durante las conversaciones, por ejemplo, o se niegue a usar una máscara o la use mal, es mucho más probable que aumente el riesgo de transmisión que la cantidad de aerosol que emiten. Esto se suma a la existencia de personas sin síntomas o con síntomas leves que pueden infectar a otras personas.

Una de las formas de frenar los brotes es el rastreo intensivo de contactos para encontrar y alertar a todos los que podrían haber estado expuestos a un evento de super propagación. El rastreo de contactos hacia atrás puede permitir la detección de un clúster a partir del cual se inició la propagación.

Por el momento, hasta que la pandemia por SARS-CoV-2 sea globalmente superada a través de las coberturas de inmunización, e incluso cuando los casos bajen, las conductas y la responsabilidad social marcarán su evolución.