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Buscando respuestas: el rol de los niños en la pandemia de COVID-19

Se enferman menos, pero, ¿son reservorio de SARS-CoV-2?

Determinar los motivos por los cuales los niños están siendo menos afectados por esta pandemia de coronavirus es uno de los objetivos que tienen los epidemiólogos. La respuesta a ese interrogante afecta, indudablemente, las decisiones en salud pública.

¿Qué es lo que hace que la mayoría de los niños no desarrollen COVID-19? Hay pruebas de que su sistema inmunológico responde de manera diferente frente al SARS-CoV-2 que los adultos.

En algunos estudios se observó que los niños desarrollaron síntomas de COVID-19 y anticuerpos específicos contra el SARS-CoV-2, pero nunca dieron positivo para el virus en una prueba estándar de RT-PCR.

Una teoría para explicar este comportamiento es que la respuesta inmune sería muy rápida y no dejaría que el virus se replique en cantidad suficiente para dar positiva la prueba de diagnóstico. El tipo de anticuerpos producido por los niños podría avalar esta teoría. En un estudio que incluyó adultos y niños de 18 años o menos, se observó que la mayoría de los niños producían anticuerpos dirigidos a la proteína spike del SARS-CoV-2, que el virus usa para ingresar a las células, mientras que los adultos generaron también anticuerpos contra la proteína de la nucleocápside, que se libera en cantidades significativas solo cuando un virus está diseminado en el cuerpo.

La respuesta inmune innata más fuerte que la respuesta adaptativa en los niños también podría ser causa de mayor resistencia a la infección. Al analizar un grupo de personas con COVID-19 que incluía a niños y jóvenes menores de 24 años, junto con adultos, se encontró que los adultos tenían una respuesta de células T de memoria más fuerte a la proteína spike del virus que los niños y los jóvenes.

Se sabe que los niños son el principal reservorio de los coronavirus estacionales que causan el resfrío común. ¿Cómo es posible que este virus actúe de manera tan diferente en la población infantil?

Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, al menos seis estudios han encontrado evidencias de que los individuos que fueron vacunados con la vacuna triple viral MMR (Mumps Measles Rubella) II contra paperas, sarampión y rubeola presentaban cuadros asintomáticos o menos graves de COVID-19.

Los resultados de un nuevo estudio parecen ser contundentes. Según lo publicado en mBio, una revista de la American Society of Microbiology, los niveles de anticuerpos del tipo IgG contra el virus de las paperas en las personas menores de 42 años previamente vacunadas con la vacuna MMR II (Merck), están inversamente relacionados con la gravedad de la infección COVID-19. La mayoría de los niños reciben su primera vacuna MMR alrededor de los 12 a 15 meses de edad y la segunda entre los 4 y 6 años de edad.

Por otra parte, un número reducido de pacientes infantiles infectados por SARS-CoV-2 puede desarrollar el síndrome inflamatorio multisistémico, o MIS-C (Multisystem Inflammatory Syndrome in Children), una enfermedad pediátrica grave que progresa rápidamente y puede afectar a múltiples órganos y sistemas cuya causa se desconoce.

Estas observaciones contribuyen a tratar de encontrar la respuesta a la baja tasa de niños hospitalizados por COVID-19, así como a una tasa de mortalidad mucho menor. Más allá de la capacidad de enfermarse, también es crucial determinar el rol de los niños como fuente de contagio para el resto de la población.


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