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Aumenta la presión sobre la Unión Europea y Nueva Zelanda para que revisen sus estrictas políticas anti-OGM

Reducir el impacto de la agricultura en el cambio climático y garantizar una producción competitiva impulsaría la adopción de las técnicas de ingeniería genética

La Unión Europea (UE) y Nueva Zelanda, tradicionalmente anti-OGM, están mostrando signos de suavizar su postura hacia la tecnología frente a los impactos del cambio climático y la presión para seguir siendo competitivos.

Muchos sectores en la UE y Nueva Zelanda reconocen que la regulación existente está desactualizada a la luz de los avances tecnológicos recientes, en especial lo que respecta a nuevas herramientas como la edición génica.

Reducir las emisiones de carbono y garantizar que la producción de alimentos siga siendo competitiva va a requerir un cambio en la forma de hacer agricultura.

Sin duda, cualquier cambio de política agraria en Nueva Zelanda y la UE va a impactar no solo en los Estados de ambas jurisdicciones, sino también en el resto del mundo.

Nueva Zelanda es un país donde los productos de origen vegetal representan alrededor de la mitad sus ingresos por exportaciones, por lo que el mejoramiento vegetal por edición génica tendría un enorme impacto. La ingeniería genética también se ha presentado como una solución para la creciente amenaza de plagas y enfermedades, como las que afectan a las valiosas industrias del kiwi y la silvicultura. Los opositores a los OGM de Nueva Zelanda se basan, en parte, en la imagen de un país limpio y verde.

La ingeniería genética también ayudaría al país de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), de las cuales al menos el 50 % son generadas por la agricultura. Más recientemente, la Climate Change Commission de Nueva Zelanda recomendó evaluar el papel de las tecnologías emergentes, como la ingeniería genética, en la reducción de las emisiones agrícolas, y revisar y actualizar los procesos y los regímenes regulatorios.

La Productivity Commission de Nueva Zelanda ha afirmado que las normas de bioseguridad de Nueva Zelanda se revisaron por última vez en 2001 y no reflejan los avances tecnológicos.

El mismo impacto podría tener la adopción de cultivos transgénicos en Europa, con una reducción equivalente al 7,5 % de las emisiones de GEI agrícolas totales. La European Commission lanzó una revisión de los OGM en abril de 2021, reconociendo que su legislación anterior de 2001 no era adecuada para el propósito. Los países africanos exportadores también podrían verse beneficiados al poder adoptar cultivos transgénicos sin las restricciones de la UE sobre la tecnología.

Los informes indican que los gobiernos aceptan iniciar conversaciones y analizar informes sobre el uso de tecnologías de modificación genética en el país, pero, por ahora, el enfoque es analizar las posibilidades y proceder con cautela.