Algunas de las razones que hacen difícil la lucha contra el SARS-CoV-2

El nuevo coronavirus presenta mecanismos de infección inusuales que están haciendo muy difícil el control de la pandemia.

Una de las causas de la contagiosidad del del SARS-CoV-2 es que a diferencia del coronavirus SARS original, la cantidad de virus en el organismo puede alcanzar altos niveles, antes de que aparezcan los síntomas y al menos una semana antes de que COVID-19 progrese hasta el punto en que las personas necesiten tratamiento hospitalario. De esta manera el virus puede infectar a otra persona antes de que la primera sepa que está enferma. Por lo cual es más difícil aislar a los infectados.

Otra particularidad del nuevo coronavirus es que aparentemente no existiría una inmunidad parcial, algo de protección en las personas mayores que han estado expuestas a otros coronavirus circulantes. Hay otros cuatro coronavirus humanos que causan síntomas de resfriado común. Y los adultos mayores tienen generalmente un sistema inmunológico menos eficiente, menos células T capaces de colaborar en la destrucción de las células infectadas o con la neutralización del virus.

Pero SARS-CoV-2 no afecta solo los pulmones, sino que puede afectar otros órganos. Estos efectos en todo el cuerpo podrían deberse a la presencia del receptor ACE2, al que se une el virus para ingresar a las células. ACE2 se encuentra en muchos órganos, como pulmones, vasos sanguíneos, hígado y riñones. El organismo responde con una inflamación descontrolada en algunos pacientes, producto de la respuesta inmune innata, con consecuencias dañinas para el resto del cuerpo.

La coagulación de la sangre es un fenómeno peligroso y de alto riesgo que ocurre a raíz de la infección con SARS-CoV-2. Los pacientes obesos tienen más probabilidades de tener niveles más altos de inflamación en el cuerpo y proteínas que pueden provocar coagulación. COVID-19 tiene una fuerte asociación con la obesidad que es poco frecuente en otras infecciones virales.  La biología de la obesidad incluye inmunidad deteriorada, inflamación crónica y sangre propensa a coagularse, todo lo cual puede empeorar el COVID-19. 

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