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Es necesario abordar la conectividad entre animales y humanos para enfrentar epidemias

Las infecciones emergentes vinculan animales domésticos y humanos con la vida silvestre.

El concepto One Health (Una Salud) conduce a analizar las enfermedades infecciosas emergentes desde la interfaz animal-humano-ecosistema.

La aparición de la Influenza Aviar Altamente Patógena H5N1 (HPAI) en Hong Kong en 1997 y su propagación como virus zoonótico al Sudeste Asiático, África y Europa entre 2003- 2009, condujo a afianzar el concepto One Health (Una Salud) para abordar las enfermedades infecciosas emergentes en la interfaz animal-humano-ecosistema. Los organismos internacionales y los gobiernos han adoptado ese concepto para garantizar que los sistemas de salud sean capaces de abordar el alto impacto de las enfermedades que surgen en la interfaz.

Según la FAO (Food and Agricultural Organization), aproximadamente el 60 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes de los humanos son zoonóticas y, desde la década de 1940, un 70 por ciento en aumento se origina en los animales de vida silvestre.

Estos patógenos zoonóticos incluyen VIH / SIDA, Virus del Nilo Occidental, Influenza A H5N1 HPIV, el Virus de la Rabia, los Coronavirus del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el Virus de la Viruela del Mono. Más recientemente, patógenos zoonóticos derivados de murciélagos como los Virus Nipah y Hendra, los virus Ébola y Marburg, así como el nuevo Coronavirus 2019-nCoV, han ganado notoriedad como causantes de las principales enfermedades emergentes transmitidas directamente de murciélagos a personas, o vía un intermediario como el ganado o animales de compañía, o fomites.

Ha quedado claro que la aparición de enfermedades infecciosas, aunque de naturaleza compleja, es impulsado en cierta medida por los cambios en el ecosistema asociados con el crecimiento humano global población y la demanda de proteína animal.

Una nueva investigación publicada en Global Ecology and Biogeography, 2019, ha resaltado el papel que juegan los animales domésticos, tanto las mascotas como el ganado, en la propagación de virus entre los humanos y la vida silvestre. El estudio ha revelado que los patrones de propagación de los virus difieren entre los dos grupos principales de virus, virus a ARN y virus a ADN.

La investigación sugiere que los murciélagos y los carnívoros son los más influyentes en la propagación de virus que poseen ARN, pero juegan un papel menor en la propagación de virus a ADN entre humanos y especies de mamíferos. Los ungulados, mamíferos con pezuña, son de importancia central para la propagación tanto de los virus a ARN como a ADN. El ADN y el ARN se refieren al ácido desoxirribonucleico y al ácido ribonucleico, respectivamente, las dos estructuras genéticas cruciales que codifican todos los organismos vivos.

Los virus a ARN tienen un alto potencial para desplazarse a través de especies de mamíferos con historias de vida y hábitats muy diferentes, lo que les permite ser compartidos por más especies de huéspedes.

La aparición de enfermedades virales nuevas con la capacidad de provocar pandemias no es nueva. Sin embargo, las oportunidades de contacto entre las especies hospedantes de agentes patógenos crecen con la globalización del comercio, los viajes, la deforestación y el uso intensivo de la tierra.