Leishmaniasis, una zoonosis en expansión

Argentina tiene zonas endémicas de la enfermedad en humanos y caninos.

Argentina tiene zonas endémicas que abarcan las yungas de Tucumán, Salta y Jujuy, el monte chaqueño de Formosa, Chaco y Santiago del Estero, y la selva paranaense de Misiones y Corrientes.

La leishmaniasis es una de las llamadas Enfermedades Tropicales Desatendidas (Neglected Tropical Deseases-NTD) según la Organización Mundial de la Salud. La enfermedad es causada por diferentes especies de un parásito del género Leishmania, y se manifiesta por tres formas clínicas principales llamadas leishmaniasis cutánea, mucosa y visceral. afecta tanto a humanos como a animales. En América, la leishmaniasis se transmite por la picadura de las hembras infectadas de un mosca hematófaga del género Lutzomyia, que actúa, así como vector del parásito.

La infección puede ser asintomática, o llegar a complicaciones graves, potencialmente mortales. La transmisión se produce cuando el flebótomo pica a un animal, generalmente perros, o a una persona infectada y luego a un animal o persona sana. Los animales infectados son generalmente perros, que pueden permanecer asintomáticos o desarrollar la enfermedad.

En el planeta, la enfermedad está asociada a la malnutrición, los desplazamientos de población, las malas condiciones de vivienda, la debilidad del sistema inmunitario y la falta de recursos. Argentina tiene zonas endémicas que abarcan las yungas de Tucumán, Salta y Jujuy, el monte chaqueño de Formosa, Chaco y Santiago del Estero, y la selva paranaense de Misiones y Corrientes. La leishmaniasis canina se ha convertido también en una enfermedad endémica en la región.

La enfermedad tiene tratamiento. Sin embargo, las principales limitaciones del tratamiento de la leishmaniasis son el costo y el período de tratamiento relativamente largo, además de otros factores como la existencia de varias formas parasitarias de Leishmania, otras infecciones coexistentes, las condiciones ambientales de diferentes regiones, las especies parásitas y la ubicación geográfica. En situaciones como epidemias y áreas altamente endémicas, también se utiliza el control de vectores, que consiste en rociar la casa o usar mosquiteros impregnados con insecticida.

En Europa está registrada la vacuna canina CaniLeish desde el año 2011, compuesta por antígenos secretados/excretados de L. infantum. La vacunación incluye la aplicación subcutánea de tres dosis. La revacunación consiste en una única dosis anual. Esta vacuna está autorizada también en Argentina y tiene una eficacia de aproximadamente 68%.

En el año 2016, se registró la vacuna Letifend en Europa. Esta vacuna, contiene una proteína Q recombinante compuesta por 5 antígenos de L. infantum y no contiene adjuvante. La primo vacunación consiste en una única dosis subcutánea, con revacunación anual y tiene una eficacia del alrededor del 72%.

Ambas vacunas solo deben ser administradas a perros sanos que no tengan anticuerpos contra Leishmania, a partir de los seis meses de edad. La vacunación no evita siempre la infección, pero reduce el riesgo de desarrollar la infección activa y la enfermedad clínica.

La vacuna LeishTec, disponible comercialmente en Brasil, podría combatir la enfermedad en perros ya infectados según una publicación reciente en la revista Vaccine.

En humanos, las vacunas de segunda generación como LEISH-F2 podrían adoptarse como un enfoque prometedor para la prevención de la leishmaniasis humana. Recientemente, las vacunas vivas atenuadas y de ADN ChAd63-KH han inducido una respuesta inmune apropiada contra las infecciones por L. infantum y L. donovani, respectivamente. Como resultado, estas vacunas podrían considerarse enfoques prometedores para la prevención de infecciones por Leishmania. Sin embargo, deben evaluarse más en otros ensayos clínicos.

Según los datos de la ONG Iniciativa Drogas para Enfermedades Desatendidas (Drugs for Neglected Diseases Initiative), dos nuevas entidades químicas, un benzoxaborole (DNDI-6148) y un nitroimidazole (DNDI-0690) se introdujeron en la etapa de desarrollo preclínico para tratar la leishmaniasis visceral y cutánea. El inmunomodulador CpG-D35, que está en una etapa de desarrollo preclínico, se utilizaría además como un complemento junto con la terapia farmacológica principal para tratar la leishmaniasis cutánea.

Estos avances técnicos tienen el potencial de transformar la prevención y la terapia de tratamiento en el futuro próximo.

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