El efecto del SARS-CoV-2 sobre las células que explicaría su virulencia

El SARS-CoV-2 bloquea los genes que inhiben al virus, pero exacerba los de la respuesta inflamatoria.

El virus SARS-CoV-2 demuestra un comportamiento diferente al SARS-CoV en el control de la respuesta inmune.

La primera línea de defensa de la respuesta inmune contra el virus es la activación de genes que producen moléculas de interferón, para inhibir la replicación viral. Estas proteínas, liberadas por las células infectadas, activan genes de células vecinas que disminuyen la capacidad del virus de multiplicarse en dichas células. 

Un segundo conjunto de genes que se activan ante la infección viral producen proteínas secretadas que activan otros elementos de la respuesta inmune.

Algunas de esas proteínas, las quimiocinas, inducen la permeabilización de los vasos sanguíneos, permitiendo el paso de células especializadas del sistema inmune, como los linfocitos B que producen anticuerpos, y los linfocitos T, que contribuyen a la destrucción de células infectadas. El primer conjunto de genes controla la replicación del virus para que empiece a actuar las células inmunes profesionales.

La mayoría de los otros coronavirus interfieren con alguno de dichas respuestas. Sin embargo, SARS-CoV-2 inhibe fuertemente la actividad y producción de interferones de tipo I y III. y activa de una manera inusual la aparición de la llamada “tormenta de citocinas”.

El resultado es esencialmente una tormenta de moléculas inflamatorias en los pulmones, que tienen macrófagos y neutrófilos y otras células inmunes causando una inflamación descontrolada, al mismo tiempo que la replicación viral sin control mata las células pulmonares involucradas en el intercambio de oxígeno

Kei Sato y sus colegas, de la Universidad de Tokio, identificaron cómo SARS-CoV-2 logra esa manipulación genética. Su gen ORF3b produce una proteína llamada factor de transcripción que tiene una actividad anti-interferón, más fuertes que el virus del SARS original o los virus de la influenza. La proteína básicamente impide que la célula reconozca que hay un virus presente, de manera que impide que se expresen los genes de interferón.

En otro trabajo publicado como preprint, el equipo de V. Menachery del Departmento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Texas, postula que si bien el SARS-CoV-2 mantiene una cinética de replicación viral similar al SARS-CoV en las células Vero, el nuevo CoV es mucho más sensible al pretratamiento con IFN-I.

Los datos disponibles permitirían evaluar tratamientos que ayuden al sistema inmunitario a actuar de manera más eficaz contra el virus.

Las alternativas que se barajan actualmente son el uso de interferón, anticuerpos que bloqueen citocinas, y anticuerpos que impidan la entrada del virus a la célula. Por el momento son tratamientos experimentales, que se van modificando a medida que conocemos más de los mecanismos de los que se vale SARS-Cov-2 para ingresar a las células humanas.

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